La ingeniería de 1984s.text: cómo se fabrica la aceptación

Querido oyente:

Te escribo con una sonrisa enorme, que es lo primero que quiero confesarte. No la elegí. Digamos que me fue creciendo durante la grabación de 1984s.text, y hoy no consigo borrarla. Debería preocuparme. Estoy casi seguro de que no me preocupa. ¿Alguien más nota la ironía, o solo yo estoy tan contento?

Vengo a contarte cómo se armó este EP, porque en él la ingeniería es la idea, y porque prefiero que te enteres por mí antes de que te lo explique un ministerio.

El plano, que es muy alegre

El EP tiene seis temas y va de menor a mayor en ritmo y energía. Arranca oscuro, frío y melancólico, con ese aire emocional que le debo a Billy Idol, The Human League y Yazoo: sintetizadores que respiran en un sótano con muy buena calefacción central. Y después, tema a tema, el pulso se acelera y el sonido se vuelve más upbeat, más luminoso, casi bailable. Un clima ideal para la fiesta de despedida de la libertad. ¿Qué podría salir mal?

Mientras tanto, las letras no se mueven ni un centímetro. Siguen tristes, oscuras y sin esperanza, pero con una sonrisa de fondo. Lo que se oye sube y lo que se dice baja, y esa distancia es todo el mecanismo. ¿Qué clase de persona escribe una letra desesperada y le pone un ritmo para bailar? Pregunto por un amigo. Te pido disculpas si empezás a mover el pie. Fue a propósito. Bueno, no tanto: al principio, el pie lo moví yo.

La parte donde confieso lo que me da miedo

Orwell no cuenta la historia de un hombre al que torturan hasta que grita. Cuenta la de un hombre al que quiebran hasta que sonríe, que es bastante peor y mucho más difícil de poner en música. El miedo lo resuelve cualquier sintetizador en tres notas graves. Lo difícil es el momento en que la persona deja de notar el control, y ahí está mi problema: para hacerlo bien, la música tenía que cambiar de a poco, sin saltos que avisen. Cada tema un poco más rítmico, un poco más contento, hasta que te des cuenta de que estuviste bailando todo el tiempo, y para entonces ya te gustaba. ¿Viste qué cómodo es? ¿Te acordás de cuándo dejaste de resistirte?

Esa es la ironía que sostiene el EP: cuanto más aceptamos el control, más feliz suena la música. Vos empezás alerta, con el cuerpo en guardia, y terminás cómodo, sin saber en qué momento te acomodaste. Si ya sentís que lo estás disfrutando, felicitaciones: el sistema funciona. ¿Seguís moviendo el pie? ¿Seguro que es tuyo? Si empezás a sentir que lo estás disfrutando demasiado, no me mires a mí. Yo soy el primero en la fila.

Lo que le pasó al libro (y lo que me pasó a mí)

1984 es, en el fondo, una novela sobre una derrota psicológica antes que política. El Partido no necesita ganar la discusión; le alcanza con que Winston deje de confiar en su propia memoria y termine diciendo que dos más dos son cinco, y creyéndolo. Y la última frase, la de que ama al Gran Hermano, no es un giro: es la prueba de que todo salió según lo previsto. Qué final tan feliz. ¿O acaso alguien esperaba otra cosa de un libro con un Ministerio del Amor?

Los títulos de los temas siguen ese recorrido, y te los dejo en orden por si querés llevar la cuenta de tu propia rendición: "The invisible hand", "Two minutes hate", "The face that never sleeps", "Secret room", "Clothes off the lie" y, al final, "Room 101-I.L.B.B.". Del control que no se ve a la derrota que ya se asumió, con cada vez mejor ánimo.

El último tema, o cómo terminé tarareando

Y entonces, en el último tema, cambia todo. "Room 101-I.L.B.B." abandona los sintetizadores y se va a un sonido acústico, pintoresco, de aire beatle. Suena a postal, a tarde de domingo, a algo que se podría cantar en un picnic. Es el final más inquietante que se me ocurrió, y lo digo con la sonrisa puesta: ya no hay frío ni pulso nervioso. Hay una melodía tranquila de alguien que se rindió y está encantado con eso. El prisionero sonríe. Yo también. Revisé, y los dos estamos igual de contentos. ¿Será grave? ¿Será que, si lo pienso mucho, me dejo de sentir tan bien?

La sigla del título hace el resto para quien conozca el libro. A quien no, le queda un final que se escucha lindo, que es precisamente el problema. ¿Hace falta que lo explique de nuevo, o ya se notó solo?

Una advertencia, con cariño

Si llegás al último tema y te quedás tranquilo, el experimento funcionó. Si te quedás tranquilo y después te asustás, funcionó mejor. Y si te quedás tranquilo y nunca te asustás, bueno, ya sabés cómo termina Winston. Escuchalo en orden, sin saltear nada: 1984s.text, el EP.

Con afecto, y una sonrisa que ya no controlo,

Edgar Allan Music

P. D.: Si notás que estás tarareando el final, no te asustes. Es normal. Es incluso recomendable. Es, de hecho, lo que se espera de vos. ¿Todavía creés que elegiste vos esa melodía?

P. D. 2: Si alguna vez dejo de escribir cartas así, avisen. O no. Estoy muy bien.

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